1.     Somos una Fraternidad:

Porque vivimos vida en común,   amándonos como hermanos, es decir, a la manera y medida que Cristo nos enseña en su Evangelio: dando la vida por el otro, por la comunidad, desgastándonos a favor del bien común, aun a costa incluso, del bienestar particular; dando testimonio y glorificando a Dios desde el trabajo y la oración, a partir de la máxima benedictina:  “Ora et Labora”.

 

2.     Somos una Orden, somos frailes.

Hacemos parte de la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo; estamos sometidos en obediencia: primero a Dios y a su santa Voluntad revelada desde antiguo en las Sagradas Escrituras, y plenamente en la persona de su Hijo Jesucristo; y en segundo lugar a la autoridad eclesiástica ordinaria del lugar donde nos encontremos, es decir al obispo que jurisdiccionalmente le competa regirnos.

 

Nos hallamos organizados licita, valida y jerárquicamente, cumpliendo con lo propuesto en las Sagradas Escrituras por el apóstol: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.  De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos”. Romanos 13:1-2..

 

 No todos nuestros miembros están llamados, ni mucho menos obligados, a optar por el ministerio ordenado,  sino que todos y cada uno de ellos deben ejercer con caridad el sacerdocio que nos es común por el sacramento del bautismo, es decir: donándose a si mismos como ofrenda viva, en expiación de sus propios pecados y los de la comunidad, alabando a Dios en cada una de sus acciones y orando constantemente por la iglesia universal, su jerarquía y sus comunidades particulares. 

 

En este orden de ideas, el religioso bonpastoriano podrá ser un simple lego o un ministro ordenado, si así lo inspirara el Espíritu Santo y lo decidieran sus superiores, siendo lo más esencial e importante, el  ser un fraile, al servicio de su comunidad.

 

3.     Somos Bonpastorianos:

Es decir, que nuestro carisma está fundamentado en las enseñanzas y actitudes de Cristo el Buen Pastor, quien dio la vida por sus  ovejas, de las cuales nosotros custodiamos las más vulnerables; teniendo como carisma esencial el ejercicio de la caridad, en cualquiera de sus expresiones.  Aunque no somos franciscanos ni benedictinos, alimentamos y fortalecemos nuestra espiritualidad, desde la vida y obra de San Francisco de Asís y San Benito abad de Nursia; a quienes después de Jesucristo, admiramos y buscamos imitar.  No buscamos ser un remedo de ninguna orden o comunidad en particular, somos en esencia auténticos y originales, pero tampoco nos reusamos a imitar a quienes con su ejemplo nos edifiquen.

 

4.     Somos Misioneros:

Puesto que nuestra actividad se deriva  del mandato expresado por nuestro Señor Jesucristo en la divina comisión del evangelio: “vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación” (Marcos 16,15);     esto supone nuestra expansión por todas las latitudes donde nos sea posible llevar a cabo este mandato, teniendo en cuenta la voluntad de Cristo en el envío misionero: “ Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja;  sino: "Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas."  (Marcos 6,8-9).

 

 


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